“Mas allá de Colonia Dora”



Doña Audelina, estaba sentada en su sillón de mimbre, raído por los años, el patio era de tierra endurecida, por la sequía, las suciedades de las gallinas y el salitre que trae el viento....

Su rostro era la marca de esa especie de desierto, cada arruga de las muchas que poblaban su cara, eran un cauce seco de algún río soñado por su espíritu, esencialmente santiagueño.

El demonio era “la seca”, meses sin tan solo una gota de lluvia, ver las osamentas de las vacas propias y escasas, esparcidas por la chacra, era la angustia que les daba un Dios severo e incompatible.

El graznido de los caranchos, era la música de la muerte, el viento cálido del verano traía el olor ácido de las carnes descomponiéndose en el campo.

Sus ojos oblicuos, característica de su sangre quichua, están achicados por sus párpados caídos, cansados de tanto atisbar el horizonte en busca de una nube oscura, que ilusionara con agua caída del cielo....

El sonido del balde de lata, atado a una soga, al pegar contra el piso del aljibe, era la angustia de saber que hasta la napa estaba seca....

Ya no eran solo los “bichos” grandes que peligraban de muerte, ahora no había agua ni para las “gainas” ni “pa’los changos”...

Sus labios tienen cortaduras transversales, que son similares a las heridas de estatuas milenarias, daño que solo el paso del tiempo y las inclemencias de la naturaleza pueden llegar a causar....

La localidad mas cercana se llama “Ransayana”, pero la chacra se la conoce por parcela del kilometro “tanto y tanto”...

 

Ni nombre tenía la chacra, solo era un número más.

De sus ocho hijos, solo quedaban dos , allí a su lado, (Los mayorcitos),bueno el mayor del todo no, porque había fallecido hace ya nueve años.

Los otros, como las mujeres por ejemplo, se habían ido casando y yendo, la mayoría para la capital, una se había radicado en la ciudad de Santiago del Estero.

Ellos (los dos que se quedaron), eran solteros, la pucha, que silencio de sepultura, no escuchar el chillido de los chicos....

Si hasta cuando nacía un cochinito, se le llenaban los ojos de lágrimas al escuchar los gritos, que era lo mas parecido a un recién nacido.

Ahora que el gobierno había hecho el “canal del diablo “, las lluvias se habían vuelto menos escasas..... Había mas verde alrededor de la casas, hasta la higuera que parecía totalmente seca, había dado “brevas”. Alguna que otra vaca hasta había parido y se agrandaba la hacienda....

Y pa’ que, tatita Dios, si la vida se me acaba ? !, soñaba en su oración, la viejecita antes del alba.... Ya no tengo ni sueño siquiera... la noche “mes’muy larga”.

Los hijos habían crecido, sombríos y silenciosos, la rutina los obligaba, todos los santos días, sin importar la temporada, había que sacar las ovejas y llevarlas a pastorear, darle de comer a los chanchos, contar de paso las vacas, tirarle máis a las “gainas” y si había agua, regar un poco la chacra....

Las mujeres que se habían ido para la capital, fueron unas ingratas, jamas escribieron, ni siquiera Teresa (la mas chica), que por lo menos sabía leer y escribir, pero ni Margarita ni Venancia, (que le podían haber pedido a cualquiera que escribiera por ellas), le mandaron noticia alguna.

Sabia que todas se habían casado, porque uno de los vecinos que había viajado a Buenos Aires, había aprovechado el viaje para averiguar algo de sus hijas, pero no sabia mucho mas, el hombre había estado media hora con una de ellas y se acordaba en parte lo que esta le había comentado, había varios nietos, alguna casada, ya... y así cosas sueltas que no se sabia bien a cual de cada una correspondía.

Pero un día, de ese cálido mes de enero, le llegó una carta, escrita de puño y letra, la letra era pareja y elegante, clara y legible..

Doña Audelina, con su sapiencia centenaria, si había aprendido a leer, poco, lento, pero leía.

Estimada Señora Audelina Ponce :

Esperamos no incomodarla, pero su nieta Nilda, y yo, su marido, quisiéramos ir a visitarla en unos días, ya que ella tiene muchos deseos de conocer a su abuela y como tenemos unos días de vacaciones, para mi seria un gusto llevarla hasta allí.

Lamentablemente no pude avisar con mas tiempo, porque las cosas se organizaron de golpe, si todo va bien llegaríamos el día 17 con el tren de la mañana, que tengo entendido, por lo que me han informado, llega a la estación de Ransayana a las nueve y media aproximadamente.

Le deseo lo mejor y espero verla pronto.

Su seguro servidor :

Sebastián Villalba.

 

La vieja, había preparado todo, hasta el carro con los caballos para ir a buscar a la estación a su nieta y a su marido, seria, indiferente por fuera, pero con una emoción incontenible por dentro.

Daba ordenes a los gritos, para que la casa, pareciera mas limpia y ordenada, “No ven que vienen los parientes de la capital federal ? decía cada vez que daba una nueva indicación.

El tren (como de costumbre) llegó con gran retraso, cerca del medio día, el sol quemaba la piel, el aire en el pueblito era prácticamente irrespirable.

El mayor de los hijos estaba sentado en el pescante del carro, tratando de visualizar, cual podría ser su sobrina y su marido, no había descendido mucha gente del tren, pero era difícil saber, entre algunas parejas cual seria la indicada...

Los últimos que quedaron en el anden, eran cuatro, una joven mujer (de no mas de veinticinco años, el un joven vestido de sport de no mas de treinta, un niño de mas o menos seis y una beba que no tendría mas de año y medio....

Nilda ! ! se animó a gritar el paisano.... Ella corrió como una chiquilina, era su sangre que reclamaba historia del pasado, era su tío y sabia cual de los dos era.

Lo abrazo con fuerzas, el rústico morocho de grandes bigotes, no pudo con la emoción, y se le escaparon un par de lágrimas...”Venga don, suba que vamos pa’la chacra !” le dijo al marido y ayudo a subir a los chicos, los cuales estaban encantados con todo lo nuevo que estaban conociendo...

El viaje fue de veinte minutos, al trote de dos parejeros, grandes y marrones (parecían hermanos gemelos).

Los niños saltaban en la parte trasera del carro y Nilda estaba colgada del cuello de su tío ( parecía una niña enamorada).

Sebastián vigilaba los chicos y disfrutaba de ver la inmensidad del campo, se parece al mar, pensó, el horizonte se pierde en la inmensidad....

Al cruzar la tranquera el carro se detuvo, había preocupación en la cara del conductor, les dijo a ambos : “la Audelina, no esta muy bien, anda con el corazón medio flojo...y son muchos los años...., ella sabia que venían ustedes (señaló con el dedo a la pareja), pero no sabia que venían los nietos...”

Los bisnietos aclaró Sebastián,.... eso, dijo él, los bisnietos, los chicos la pueden emocionar demasiado..... y meneo la cabeza sin saber que hacer.

Nilda estaba en “su salsa”, había soñado con ese encuentro desde niña, cuando su madre le contaba, como ella jugaba con los “Chajá”, y se peleaba con los gallos, cuando corría alguna gallina, jugando a la mancha con ellas.

Cuando Margarita, trepaba a las higueras y su madre le decía : “La higuera es de ramas traicioneras “ y le gritaba ya sin paciencia “ Sosegate Margarita”...

Ella conocía cada uno de los rincones por los relatos de su madre.... así que tomó la iniciativa, ella iría con su tío, primero, hablaría con la abuela y la iría preparando para que al rato llegaran, Sebastián y los niños....

Así se hizo.

El encuentro entre Abuela y nieta duro muchos minutos, hubo mas lágrimas que en el entierro del hijo mayor, (pero estas lágrimas eran de alegría), cada tanto la vieja se sobaba el pecho y decía.... Es mucha emoción m’ hijita, el corazón se quiere salir p’ afuera”.

Ella quería saber de sus hijas, de cada una de ellas, como estaban, si tenían hijos, si se acordaban de ella, como eran los maridos....Tantas cosas que una madre desea saber de sus hijos ! !.

Nilda se tomó su tiempo, sacó fotos, y un pañuelo, con el que fue secando cada lágrima que se escurría entre la arrugas de su abuela,...”Este es fulanito, es el hijo de tal, ya se casó, ya tuvieron dos hijos, son estos ...ve abuela ?, y este es el hijo de ella, y esta es la novia, este es el departamento donde viven...

A veces doña Audelina la interrumpía, porque había cosas que no llegaba a entender y quería que su nieta se las repitiera... Son novios ? preguntaba, si decía Nilda, y este es el departamento donde viven ? preguntaba alarmada la vieja.... Bueno abuela, decía su nieta riéndose a carcajadas, ahora en Buenos Aires, no hace falta casarse para vivir juntos y la abrazaba con fuerza (casi la dejaba sin aire a la viejecita)...

Amargada y con tristeza la vieja respondía.. : “No he criado bien a mis hijas si permiten que sus propias hijas vivan en pecado”...

Pero Nilda lo solucionaba mostrando otra foto.... esta ve un bebé gordito y rubion que se reía frente a la cámara... y este es mi hijo, mamá vieja, ahorita esta grandesito, ya lo va a conocer y tengo otra mas que esta así de chiquitita (y muestra con una mano la distancia del suelo hasta unos noventa centímetros de alto....

La vieja, con gran presentimiento, levantó la mirada y miró hacia la tranquera, allí chiquititos se veía la silueta de Sebastián y los chicos que esperaban impacientes la señal para acercarse....

“Si Usted se va a quedar tranquilita y no se me emociona demasiado, los llamó y se los presentó”...

La vieja (sobándose nuevamente el pecho), gritó al segundo de sus hijos...  Aguardiente pa’ la taquicardia Evaristo ! ! !

En minutos un vaso de acero inoxidable, le fue traído, la vieja lo tomó de un solo trago, Tu marido se ira a enojar, pero no ando bien de la salu, me fumo un chala y te los trais nomás..... Anda, anda con ellos, explícale que no es discortesia, es achaque de la eda, nada mas...”

Nilda le agarró los cachetes arrugados y le dio un beso de esos bien sonoros en la frente, Tranquila “mamá vieja”, que son todos buena gente, pueblerinos pero buena gente, le secó por última vez las lágrimas a la abuela y se fue corriendo al lado de su familia.

Los llevó al corral, allí estaban las ovejas, y como profesora en viaje de estudios les dijo.. : “esto es la esencia de mi familia, antes... las ovejas de esta chacra eran el orgullo de Santiago del Estero, ahora son solo unas ovejas mas...

Pero de esto viven y gracias a esos animales sucios y feos, comen, se visten y tienen  la parcela, Que no es de ellos, a pesar de que aquí nació el abuelo de mi abuela, siempre hay que pagar el arrendamiento, y cuando no se pagan, te echan, y chau !, (le salió por ultimo a la porteña).

Sebastián, no conocía a su esposa de esa manera, jamas la había visto así, pero le encantaba verla tan entusiasmada y como dueña de si misma...

Pasaron por el chiquero.(quería darle tiempo a la abuela que se serenara), y despasito se arrimaron al casco de la chacra.

Evaristo salió en su búsqueda, su madre ansiosa, porque pasaba demasiado tiempo lo mando en búsqueda de los visitantes.

Allí de pie, como en las mejores series norteamericanas, estaba la “cacique” de los Ponce, quizás el último valuarte de aquella chacra que era cabecera de todo Ransayana...

Se había puesto un vestido de “sábados”,  se había trenzado, su trenza blanca, larga y frondosa que le cubría toda la espalda....

Sus ojos estaban mas abiertos y su rostro mas alerta, sus pasos no eran tan lentos y su figura seguía, aun después de casi ochenta años, totalmente esbelta.

Mata un cabrito p’a la noche Juárez, le dijo al capataz de aquella chacra ( ya hacia tiempo que no trabajaba para ella, pero había venido para la ocasión y en forma de gracias, por haberle cedido parte de la chacra, seguía a su servicio... “p’a lo que ella mandara”.

Sentate al lao mío m’ hijo, “ le dijo a Sebastián que no dejaba de sorprenderse, “ahorita comeremos cabrío, porque es carne que se puede comer “caliente”, pero para mañana bien tempranito, comeremos lo que tata Dios manda, que es un ternerito guacho, que se priepara de esta noche”

El viaje y los sanwiches de milanesa, habían dejado en todos los viajantes un apetito bastante grande, así que escuchar hablar de comida era reconfortante.

“traile algarrobas, pa’ los pequeños” gritó a cualquiera de los suyos que la escuchara...

No se animaba a llamar a los chicos,  eso la emocionaba y sabia que no debía jugar con su corazón.

Maximiliano fue el primero en cansarse de corretear atrás de las garza, y como buen crío faldero fue a buscar a su madre....Ella lo acarició y lo fue arrimando despasito, “ esta es la abuela de Santiago, Maxi, la que yo tanto te hablaba...

Abuela Audelina ? dijo Maxi con vos cantarina mientras la miraba con la ternura que tienen los niños.

Si, dijo ella y no pudo contener las lágrimas, Nilda siempre atenta se apresuró a secarlas, yo soy la mamá de tu abuela Margarita, la abuela de tu mamá, entiendes chico ?...

Maxi asintió con la cabeza y se sentó en su diminuta falda, la vieja miró el horizonte, con una mano acarició la cabeza de su bisnieto y con la otra se sobaba el pecho.... y además lloraba...

Ma, que le pasa a la abuela ?...(pregunta indiscretas y clásicas de los niños) nada, es que esta un poquito emocionada, contestó  la madre, que se paró y fue en busca de su marido (solo para disimular, ella también lloraba, también estaba emocionada)...Seba ! trae a la Sabrina, que la abuela la quiere conocer ! !.

Allí venía “la rubia” escapándole a su padre, no quería que la agarrara, y corriendo y jugando se refugió detrás de la vieja, que ayudó “para que su padre, no pudiera alcanzarla”...

Esa noche cenaron opíparamente, y el cansancio del viaje, sumado a este clima caluroso, los obligó a acostarse temprano, durmieron plácidamente toda la noche.

Los chicos fueron los primeros en despertarse, apenas si se lavaron la cara, divertidos porque el agua salía de una bomba antigua y oxidada, que había que mover a mano, ambos debían de colgarse de la larga y curva manija, para que esta bajara y así ver como de a chorros espaciados iba saliendo el agua.

Los preparativos para el asado del mediodía, se parecía a la celebración de un gran acontecimiento, doña Audelina había salido muy temprano a recoger flores silvestres que crecían junto a la aguada.

Todo era una gran algarabía...

Los días siguientes, fueron placidos y agradables, hasta llovió el último Viernes antes de la partida, (como para demostrar, que en este nuevo Santiago del Estero, también llovía).

Y llego el domingo por la mañana, (el día de la partida), todos estaban tristes, era una tristeza totalmente compartida.

Audelina no se levantaba de su sillón de mimbre y espantaba irritada con una rama a las gallinas que se le acercaban cariñosamente.

El carro estaba preparado, llevaban muchas mas cosas de las que habían traído, habían preparado para ellos  “quesillo de cabra”, queso de varios tipos, escabeche de ave, algarrobas, patay, y unas cuantas milanesas de mondongo para ir comiendo en el viaje.

De la misma manera que cuando llegaron, Nilda fue preparando la despedida, se sentó en un pequeño banquito de madera, al lado de la vieja, puso su cabeza en su falda y permitió que su abuela le acariciara lentamente su cabello....

No me valla a llorar “ mamavieja”, mire que no quiero que los chicos me vayan llorando todo el viaje  he ?.

La vieja mantenía silencio ( sabia que si hubiese dicho una palabra, no habría parado de llorar), tantas lágrimas contenidas, acompañando las tantas sequías de aquel lugar.

Después vino Sebastián, con sumo respeto, tomó una de sus manos y le dio un beso en ella....Le dijo : “Muchas gracias, abuela, me he sentido como un hijo mas...”

Después vino Maxi, que ya comenzaba a llorar, “Abuela te quiero”, le dijo y la abrazó con todas sus fuerzas, ella lo abrazó y le dio varios besos ‘cortitos” por su rostro y cabeza....

Finalmente Sabrina (Que no entendía mucho de distancias y alejamientos), se acercó y le dijo : Mañana, cuando volvamos te voy a cocinar un huevo de la gallina colorada  y  frito...”.

Esto hizo escapar una leve mueca de sonrisa en la vieja y los vio subir al carro y alejarse....

El tío estaba triste, todo volvería a ser la rutina de antes, la partida de la familia era casi como apagar las luces y quedarse en total oscuridad...

El carro se fue haciendo pequeño en el horizonte, al último solo una polvareda, y después nada mas....

Audelina se sobaba el pecho, levantó la vista desde su trono de mimbre, como agradeciendo a Dios haber podido disfrutar de sus nietos... y allí quedó su mirada, hacia el cielo, con su cabeza inclinada hacia atrás, los ojos grandes, como recuperando tiempos, ambas manos a los costados, ya no le dolía el pecho, Doña Audelina ahora descansa en paz

 











           
       


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