La Calle de Martin



 

Avenida Saenz, en Pompeya, concurrida y tumultuosa, dieciocho horas, la vereda donde esta ubicada la esplendorosa iglesia de Pompeya...

Cerca de la esquina que da al puente Uriburo, sobre el escalón que da ingreso a una galería comercial hay tres chiquitos, andrajosos, sucios.

Sus caras están manchadas, sus zapatillas rotas y mugrientas, sus manos tienen manchas ocre a las que se adhiere todo tipo de suciedad.

Esas manos sostienen bolsas de polietileno, de las que aspiran “pegamento”, y las manchas son parte de ese pegamento que se escurre y se adhiere a ellas.

Se ríen a carcajadas, se empujan, pelean entre ellos...

Las personas pasan, indiferentes, diríamos que no existen, no están en este plano de la realidad, o por lo menos la gente, hace como que no están...

Yo hice lo mismo, durante mucho tiempo, la rutina de transbordar de un micro a otro, y verlos, casi todas las tardes, en el mismo lugar.

Al principio me llamó la atención, luego, al ver que nadie los “veía”, deje de verlos yo también.

Pero mientras hacia la fila, los observaba, no podía evitar verlos y escucharlos, fue en aumento la presencia de ellos, tanto así que un día no pude más y sin saber que hacer me dirigí hacia ellos.

Uno de ellos era el mayor, sin lugar a dudas el mas pendenciero, porque apenas observó que yo los iba a encarar, se puso de pie y en guardia, me puse en cuclillas y le hable a quien me pareció que era el mas pequeño, el más débil y el más tierno, y le pregunté su nombre, mientras hacía esto, el que estaba de pie, rubiecito y de pelo bien corto me empujó por el hombro, en la posición en que me encontraba, perdí el equilibrio y casi me caigo de costado, alcancé a poner una mano en el piso y mi pierna izquierda quedó horizontal al suelo, haciendo equilibrio, para no caerme del todo.

Esto les causo mucha gracia y se rieron a coro, yo aproveché que el hielo se había roto y volví a preguntar el nombre del más pequeño....

Esquivando mi mirada, como con una mezcla de temor y vergüenza, me respondió con mucho respeto: “Martín, señor”.

EL tercer chico se levantó, ignorando nuestra conversación, extendió los brazos en forma de alas y comenzó a girar y a danzar dando giros y más giros, chocando a los transeúntes a las personas que esperaban los micros.

Que es lo que tienes allí ? pregunté señalando la bolsita que tenía en sus manos... y para que no se asustara agregué, no es por nada, solo curiosidad....

Miro la bolsa me la acercó a la cara y como pretendiendo que yo oliera me dijo esto es “Poxirran”, esto te hace ver las luces.. y señaló con una de sus manos como si algo se elevara.

Y de donde lo consigues?,...pregunté mirando para otro lado como restándole importancia a la conversación,..... Pero en ese instante al escuchar la pregunta el rubio, con algo de temor, pero decidido se aproximó, lo tomó a Martín por el brazo lo levantó y le dijo, “Vamos, vamos, nos tenemos que ir y se lo llevó poco menos que a la rastra, lentamente el tercero sin dejar de dar vueltas, con los brazos extendidos los fue siguiendo mientras se seguía cruzando delante de cada transeúnte.

Fin del primer día.

Al día siguiente, al salir de mi trabajo y dirigirme a Pompeya para tomar el micro que finalmente me deja en mi casa, fui decidido a tratar de aislar a Martín y ver que es lo que podía hacer por él.

Pero fue en vano, ese día no estaban, ni al siguiente, ni durante toda esa semana, me preocupé, pensé que les podía haber ocurrido algo...

Pero el Lunes de la semana siguiente, estaban nuevamente allí, sentados en el mismo lugar y con la misma actitud, (aunque parecían mas “ausentes” que en otros días.

Me acerqué, le acaricié la frente a Martín y le dije cariñosamente: “Hola flaco! como estás ?... me miró con curiosidad, (creo que ni se acordaba de mí,) pero el saludo le pareció amistoso y sonrió, levantó la mano y adiviné que quería “palmear las manos” así que la extendí la mía y se escucho el Paf ! luego volvió a tomar su bolsita y siguió aspirando, como si fuera que le faltaba oxígeno y lo obtenía de ese recipiente.

No quise excederme, pero quería continuar con lo que había comenzado, así que le dije de malos modos (a propósito) al rubio que se corriera, me hizo un espacio y me senté al lado de Martín.

Le puse amistosamente la mano en el hombro y comencé a preguntarle: Estos son tus hermanos ?.... Los tres se rieron, el rubio acotó ‘ si los meo”... se levantó y fue a revisar una bolsa de basura que habían sacado en esos momentos de la galería y puesto al borde del cordón.

Continúe... : Tenes papás vos ?.... Martín bajó la cabeza, no le gustó la pregunta, pero igual respondió entre dientes, mamá, tengo mamá, papá no tengo....”

Bueno, dije, está bien, a veces es mejor tener mamá solamente que no tener nada..... Se levantó para ir a pelear por unos juguetes rotos, que el rubio sacaba de la bolsa, pareció que no me había escuchado, pero al llegar a la mitad de la vereda, se dio vuelta y me gritó : ‘Es mejor no tener nada que ser un hijo de puta”.. Fue y empezaron a tironearse, primero ellos dos y después se sumó el tercero, parecían perros peleando por un hueso.

Fin de otro día.

El martes cuando llegué a la parada, estaba Martín de cabeza metido en una bolsa de basura grande, buscando vaya uno a saber que cosa, le hago cosquillas en la cintura, respinga y me mira sorprendido, (se puede decir que está casi fresco. Me muestra un pedazo casi entero de sándwich de milanesa (la lechuga que asoma es de color verde oscuro, casi negro).

Me da asco al ver que rápidamente le pega un mordiscón.... se lo saco y lo tiro nuevamente dentro de la bolsa, se enoja, me patea con fuerza, yo trato de sujetarlo y se me escapa, (tiene miedo de mi represalia, porque sabe que me ha hecho doler con su puntapié).

Veni Martín! le grito, pero él cruza zigzagueando entre los autos hasta el otro lado de Saenz, ha tenido suerte que ningún vehículo lo arroyara, desde la otra vereda se toma los genitales con ambas manos y se inclina para atrás, (con el clásico gesto de “toma pavos”).

Me quedo amargado.... he retrocedido, en lugar de avanzar.... viene el “28” lo tomo y esa noche casi no puedo dormir....

El miércoles apenas me distingue entre la gente, corre hacia la esquina, el rubio me sale al cruce y amenazante me dice...Che, que te pasa a vos con el gorrión” porque te la agarraste con él ?... y cierra un puño amenazante (con tal mala suerte que un agente que venia detrás de él, haciendo su ronda, se para justo en ese instante, le agarra el puño todavía cerrado y le retuerce la mano, mientras que con la mano libre busca en su cintura, en la parte trasera las esposas,... y mientras dice...Así que haciéndote el vivo “polaquito” he ?... Sos colchón de calabozo, pelotudo... (Es muy rudo, le tuerce de tal manera la mano que lo obligas a girar y ponerse de rodillas), el chico apenas le alcanza la cintura de estatura...El agente se envalentona y hace alarde de las esposas.

Yo le sostengo la mano, firme pero sin violencia, y le digo : Hay un error, me inclino para mirar si tiene alguna jineta, (con toda la intención de menospreciarlo) y le digo “agente”, haciendo hincapié en el grado que ostenta, sigo... el chico,...  me tomo una pausa deliberadamente, ...estaba hablando conmigo, que yo sepa no ha cometido ningún delito....

El agente me mira sorprendido, no alcanza a comprender mi actitud, yo lo saco del paso, levanto al rubio, lo pongo frente de mí, tomándolo por los hombros y de frente al policía, me inclino un poco y le digo.... decile al agente que estabamos hablando de “Racing” y le guiño un ojo cómplice...

El rubio (que se llama en realidad Tomás) advierte la situación y le dice al policía...

He poli, te fuiste de tema, he ? que pasa, estaba tranqui hablando con el chabón y me pusiste la llave.... te fuiste he ? te fuiste... Termina de hablar y con la practicidad que da la escuela de la calle, me toma la mano como si fuera un niño mas y me dice, “ Vamo don, vamo a buscarlo al Martín”...

Martín y el otro chico habían desaparecido por completo, al ver lo ocurrido.

Pero ellos tenían sus lugares secretos, detrás de la iglesia y a metros de una cortada estaban agazapados y temerosos...

Che Martín!! le grito con toda mis fuerzas a propósito... Sos un reboludo, pendejo ! ! te iba a invitar a comer con tus amigos y “te viajaste”, casi lo haces meter en cana al rubio, pedazo de pelotudo !

Ya no había ni policías ni nada, ni una sola persona en esa calle casi a oscuras, los dos salieron de las sombras, Tomás no me soltaba la mano, le transpiraba, estaba además de asustado con el síndrome de la abstinencia, necesitaba “aspirar” y eso era todo lo malo....

Discutieron, se acusaron de “cagones” de traidores y de no se cuantas cosas mas, yo no quise intervenir, eran códigos de ellos y ellos tenían que resolver la situación.

Pero cuando la discusión fue, entre aceptar mi invitación a cenar (aclaré que era para los tres) e ir a buscar pegamento, entonces recién intervine.....

No chicos, si es con bolsitas, no los llevo a ningún lado, no puedo, “es un quemo”, así que si quieren vengan ahora conmigo y si no hagan lo que ustedes quieran...

Allí la solidaridad era mas fuerte, ante la situación de peligro de uno de los tres, los demás huían, pero ante la necesidad de uno de “retroalimentarse con droga”  estaban los tres unidos.

Optaron por desechar mi invitación y se fueron por la avenida hacia  Perito Moreno. Sin saludar y sin darse vuelta

Fin de otro día.

Jueves....no los encontré...

Viernes, me estaban esperando.... estaban algo raros, al principio no me di cuenta que era, pero los notaba distintos, después cuando caí en cuenta, tuve que contener la risa (porque ellos seguramente se iban a ofender o a enojar)  Estaban limpios, se habían bañado y a pesar de traer ropa en partes descosida era ropa limpia y lo que era mucho mas importante no tenían olor a pegamento.

Da la casualidad que estaba en la parada la vieja gorda, petisa y con anteojos, con la que había hablado la otra vez...

Yo hago de cuenta que no los veo, me paro justo atrás de la vieja y ellos vienen y me encaran directamente... Don. Vamos a cenar si? dice Tomás (siempre tomando la iniciativa), yo lo saludo estrechándole la mano y de inmediato me dirijo a Martín y le digo : Pizza ?  El dice Pizza ! !. La vieja se da vuelta nos mira y yo les digo a los chicos... Esta es la que dijo que a Uds. los tendrían que llevar presos. Los chicos pusieron cara de monstruos y se quedaron mirando fijo a la “señora” a la cual le agarró un “jabón” bárbaro que se fue de la fila y tomó un colectivo que la llevaba para la “lomas de los tomates”... nos reímos los cuatro de la travesura y fuimos a la Rumba donde nos comimos tres grandes de muzarela entre los cuatro, yo una quilmes bien helada de litro y ellos cinco coca colas.

Esperaba una reacción de los Mozos o de los propietarios, algún rechazo, alguna discriminación, pero no fue así, nos atendieron a cuerpo de rey.

Cuando pedí la cuenta, el tercer chico (el volador) que se llama Miguel había sacado exactamente cuanto tenía que pagar, había tomado el menú (yo pense que para ordenar, es más pensé que no sabía leer), pero caí en cuenta que era para ver los precios de lo que habíamos ordenado....y poder sacar la cuenta de lo consumido.

Las caras de ellos al ver que al mozo no le daba dinero, si no que solo una tarjeta (la que conocían) fue parte de mi espectáculo privado...

Faa ! dijo Martín (animándose a hablar un poco mas),  Que de guita debe tener el chabón este ! ! !...

No te engañes “pichón” no todo lo que brilla es oro, esa tarjeta hace un mes que no la puedo pagar, la voy a usar hasta que me la reboten en todos lados (le mentí)...

Don...dijo Miguel... apartó los platos y los vasos y se sentó sobre la mesa justo frente a mí.... Don, porque mierda nos da tanta pelota a nosotros ?..

Saqué la etiqueta de cigarrillos de mi saco, el encendedor,( me tomaba tiempo a propósito para pensar la respuesta) Tomás unió en “V” los dedos del medio, pidiéndome un cigarrillo, saque otro los prendí simultáneamente y le di uno.

Mira pibe, empecé a decirle, no se bien porque, pero no me cabe la honda de que se caguen la vida y nadie les de pelota.... por eso me metí,   hice una pausa y cuando ellos quisieron hablar o protestar o no se que cosa, los interrumpí y seguí diciendo.... Ahora pienso distinto, es como si ustedes fueran mis amigos, no sé, ahora lo hago porque se me cantan las bolas y nada más!...

Miguel aplaudió mis palabras con tres palmaditas, se miraron entre ellos y estaban contentos con lo que yo había dicho...de reojo observé que varios de los clientes estaban molestos, no les gustaba compartir el local con aquellos chicos...

Me acompañaron hasta la parada del 28, esperaron que tomara el colectivo y me saludaron con sus manos hasta que los perdí de vista....

Que bien que dormí esa noche!

Sábado y Domingo.. No trabajé....

Lunes.... Lo encontré solo y triste a Martín.....

Venía pateando una lata de gaseosa, con las manos en los bolsillos, sin levantar la vista, iba a pasar a mi lado sin verme, entonces lo chisté, levantó sorprendido la mirada y hasta vi un brillo en sus ojos, fue como una mueca de alegría, pero enseguida sus ojitos se volvieron a poner tristes.

Salí de la fila y lo invité con gestos a sentarse donde ellos siempre se sentaban, pequeño error de estrategia el mío, ya que al llegar al escalón Martín simplemente se puso a llorar....

Fue casi imposible sonsacarle que era lo que le pasaba, cuando se decidía a hablarme, el llanto me impedía entenderle lo que sucedía.

Pude adivinar entre pequeñas frases truncas, que sus amigos se habían ido de viaje o algo así, también repetía que estaba solo, eso lo decía clarito.

Bueno amigo, no se aflija tanto! le dije,  para que estoy yo ?...

Se encogió de hombros en un gesto que no fue muy halagador, podía interpretarse como que yo no servía para nada...

Comiste algo? le pregunté, nuevamente se encogió de hombros, no tenía apetito, evidentemente....

A mi tercera pregunta hubo idéntica respuesta... Que vas a hacer ahora ?...

Lo levanté de la mano y dije, Bueno te venís para mi casa esta noche.

Hizo un gesto rotundo y negativo con su cabeza, después aclaró.... si no voy a dormir a mi casa me “fajan”.

Bueno, entonces te llevo hasta tu casa,  vamos, insistí, pero nuevamente se negó,  no es muy temprano, no puedo llegar antes de la una.....

Eran apenas las nueve y media de la noche.

No lo iba a dejar solo, además tenía curiosidad de saber como era en realidad la vida de Martín.

Cruzamos la calle y nos sentamos en un paredoncito de la plaza Homero Manzi, la noche estaba templada y las personas parecen hormigas yendo y viniendo por todos lados, La torre y los arboles de la iglesia contrastan con el resto que es totalmente comercial.

Porqué no podes volver antes de la una, Martín?, le pregunté mientras miraba para otro lado, como para darle menos importancia a la pregunta.... porque no, contestó como chico caprichoso....yo no insistí.

Así estuvimos ese par de horas, hasta que el reloj de la torre de la iglesia marco puntualmente la hora una.... El estaba ansioso por volver a su hogar...

Yo careteo en el 32, me dijo.... mientras apresuraba su paso hacia la parada,  no, pará le dije, yo te pago el pasaje, se subió a un micro que justo salía, era como si quisiera perderme, pero yo alcance a subir también.

Dos de ochenta dije, el chofer me miró y marcó un boleto solo,   Martín no pagaba pasaje...

Se sentó en un asiento de uno, no me dirigió la palabra, estaba muy nervioso, llegamos a “la calle 11” y tocó el timbre justo sobre la parada, en realidad quería huir de mí, pero yo había llegado hasta allí y no estaba dispuesto a dejarlo escapar así nomás....

Lo seguí por una calle de tierra a paso rápido, luego al ver que yo lo acompañaría de cualquier manera, aminoró el paso y comenzó a hablar conmigo

Mira,....se detuvo,  como te llamas vos che ?... preguntó.... Yo Roberto le dije sin titubear....

Ah bueno, Roberto, mira mi casa es muy pobre, es un rancho, entendés ?...yo asentí con la cabeza (no lo iba a interrumpir), y mi mamá, bueno ya la vas a conocer, vos fíjate he ? dijo como advertencia....

Llegamos, había un cerco de alambre tejido, del tipo que se usa en los gallineros, una puerta de madera semi caída y detrás una casilla color marrón un poco ladeada hacia un costado.

Algo lo fastidió, se golpeó con fuerza los costados de sus nalgas con sus palmas y vociferó “La puta que los parió”...Se detuvo y me frenó con una mano en el pecho, tenemos que esperar chabón..... y se quedó parado allí en ese mismo lugar.

Al cabo de un rato, la puerta de la casilla se abrió y salió un hombre con ropa de trabajo y de aspecto humilde.....ni nos miró, paso a nuestro lado salió del terreno y se perdió en la noche....

Martín, golpeó la puerta entreabierta y dijo Mamá se puede ? !....Desde adentro se oyó una voz chillona que dijo a los gritos” Y desde cuando preguntas vos si se puede, pendejo estúpido !...

Martín tartamudeo, es, es que estoy con visita má !..

Bueno dijo la mujer desde adentro (Cambiando el tono de voz), hacela pasar, que esperas ?..

Entramos, la luz era vaga difusa, tenue, había olor a perfume barato de mujer.

Allí sentada en una banqueta al lado de una mesa de plástico, estaba la mamá de Martín, sus únicas prendas eran unas bombachas color carne y un corpiño negro.... estaba despeinada y fumaba un achalay.

Al verme abrió los ojos, se puso de pie, e insistió, pase, pase don,, haga de cuenta que es su casa, trae vino y una cubetera del congelador Martincito, ordenó.

El chico obedeció corriendo, siéntese acá me dijo y acercó una silla a su banqueta, que, viene como cliente ?, preguntó sin vergüenza alguna....

No, no, le dije sonriendo, soy amigo de Martín, nada mas lo acompañé, porque lo vi muy triste....

Ella se dio vuelta para ver a su hijo...... Amigo... ? preguntó con desconfianza... que clase de amigo ? siguió diciendo,  y agregó... en que andará este sabandija...

Martín puso una caja de termidor blanco y una cubetera de plástico sobre la mesa....

La mujer ya no tenía prisa por convidarme, ya que yo no seria su “cliente”...

Uste no será policía , no ? me preguntó con desconfianza....me volví a sonreír, no señora, ya le dije soy conocido de Martín, de la parada de Pompeya, nada mas que eso....

Puso su mano en mi entrepierna y moviéndola un poco, me dijo, si es así le hago un descuento, Martín estaba de pie, un poco detrás pero al medio de los dos, me incomodó sobre manera esa situación, con el máximo respeto le retire la mano y le dije, para mi usted es la mamá de un amigo y yo la respeto señora...

Se tomó de un sorbo el vaso de vino que había servido para mí y dijo ” Respeto las pelotas, yo vivo de mi laburo, se levantó, así que tenemos que descansar, si no le molesta y me señaló la puerta..... Martín me miraba pero no se le movía un pelo, esto parecía serle lo mas natural del mundo.

Bueno, un gusto, dije, le ofrecí mi mano para saludarla pero ella simplemente agarró el tetrabric y se sirvió otro baso de vino puro.

Chau Martincito, nos vemos mañana, di media vuelta y encaré para la puerta...

Don ! dijo Martín, espere lo acompaño hasta la parada del colectivo sino lo van a “chetear”....

La madre se paró y de malos modos me dijo,  No será uno de esos viejos que se comen a los pendejos uste No ?..

La miré desde la puerta, me dio pena, no era una mujer fea, aunque tenía los senos caídos y flacidez en el vientre, seguramente de arreglarse y cuidarse un poco seria una bella mujer.... ignoré lo que me dijo, espere a Martín nos fuimos.

Caminamos en silencio hasta la parada, solo le dije para despedirme....” Mañana nos vemos en Pompeya” quiero hablar con vos..... el asintió con la cabeza, tomé un 32 de regreso y me fui...

Final de esa noche.

Durante dos días no lo encontré, al tercero decidí ir a ver que le estaba sucediendo..... Estuve dando vueltas un rato largo, no recordaba bien la ubicación de la casa, hasta que al fin di con ella. No era la una de la madrugada todavía (por supuesto), pero igual golpee las manos, me atendió una chica joven y amable, pregunté por Martín, ella me hizo pasar, él estaba en cama, había adelgazado muchisimo en esos dos días, estaba ojeroso y pálido, la chica me dijo que estaba con gripe y ella lo cuidaba, porque la mamá estaba en el hospital, internada por una intoxicación por comida en mal estado.

Martín me pidió si le podía comprar una seven up, tenía mucha sed, estaba deshidratado, me ofrecí a llevarlo al hospital en un remis, pero la chica se negó, dijo que ella estaba a cargo a pedido de su madre....

Se tomó prácticamente toda la botella, estuve un rato con él, me dijo que se sentía mejor, le puse la mano en la frente ( tenía bastante fiebre) le dije que volvería al día siguiente y que si seguía igual lo iba a llevar al “Hospital Evita”.

Final de otro día.

Al día siguiente salí al mediodía de mi trabajo y fui directamente a calle 11, Me volvió a atender la misma chica, tenía los ojos rojos y todavía lágrimas en ellos, me asusté, cuando le pregunté lo ocurrido, me contó que una vecina, había venido a avisar que la madre de Martín, había fallecido la noche anterior.

Pensé que Martín podría sufrir la misma intoxicación, así que a pesar de las protestas de la muchacha, lo cargué en un remis y me lo llevé a Lanus.

Cuando lo quise bajar del auto, Martín no podía caminar, sus piernitas se doblaban, no tenía fuerzas....

Lo recibieron por la guardia, pero apenas lo auscultaron y le hicieron un “fondo de ojos” lo internaron en sala de emergencias, le extrajeron sangre y me ametrallaron con preguntas, les respondí todo lo que sabia, exigían que se hiciera presente un familiar, les conté lo de su mamá y me di cuenta lo poco que sabia del chico, ya que no conocía  a ningún otro familiar....

A las ocho de la noche me llama un médico practicante y me dice si yo soy pariente, le digo que no, pero que fui quien lo trajo...... Me explicó, “Esta muy mal, no creo que pase mas de 24 horas..... cuando pregunté que era lo que tenia, casi me desmayo.... el joven médico me lo dijo “ de una” tiene SIDA y en estado terminal !.

Me quedé toda la noche, llamé desde un público a casa y pedí que avisaran a mi trabajo que al día siguiente no iría a trabajar....

A la madrugada, con el cambio de guardia una enfermera se dio cuenta que Martín había fallecido, yo me enteré cuando se lo comunicó en el pasillo al medico entrante...... me puse a llorar.

Fui a su casa, había un par de vecinos, les informé donde estaba Martín y que había ocurrido, una tía se hizo cargo de la “colecta” pero apenas habían juntado para la madre, ahora tendrían que juntar para el niño, yo puse 20 pesos que era todo lo que me había quedado y me volví en colectivo a mi casa.

Fin de otro día.

Pasaron un par de semanas, me sentía frustrado, enojado y muy triste, un día retornando del trabajo, nueve y cuarto de la noche vi tres chicos sentados en el escalón de la galería. Uno era Miguel, el otro Tomás, y el tercero era aun mas pequeño que Martín, quizás tendría siete años o tal vez ocho, como máximo, los tres respiraban a través de la bolsita,  los mire, mire en la vereda de enfrente, mire si venia mi colectivo, paso un patrullero lentamente, ninguno de sus ocupantes miraron a los chicos, nadie los miraba, yo encendí un cigarrillo esperando mi micro, y tampoco los vi mas, quizás estaban allí, quizás estaban todos los demás días de mi vida, desde entonces, pero yo ya no los veo, como los demás..... Están allí, pero nadie los ve....










 

                    

                    

                    

     



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